SABATON+ ACCEPT+ TWILIGHT FORCE- SANTANA 27 (BILBAO)

Llegó por fin el día D hasta Bilbao. El día fijado para que las tropas de Sabaton tomaran la sala Santana 27, y presentasen con todos los honores, su reciente “Last Stand”. Antes de que la maquinaría de guerra que dirige Joakim Broden tomase el timón, Accept demostrarían como sus galones siguen conservando el mismo peso, que cuando facturaban discos míticos de nuestra infancia. El poder que siguen atesorando los germanos, quedaría constatado al concluir la comparecencia, y resolvería las dudas que habíamos traído de casa.
 
La jornada bélico-festiva la inaugurarían los suecos Twilight Force, un conjunto que procede del mismo pueblo que Sabaton y plantea un retorno a los tiempos más edulcorados del Power Metal. Pertrechados con indumentaria de elfo de extrarradio, propondrían media hora divertida, tremendamete trasnochada, y con continuas reminiscencias a los Helloween de la época Kiske. Su sonido seria sencillamente espantoso, consiguiendo que las guitarras quedasen enterradas bajo un millón de teclados de poco fuste. Sacarían incluso una espada para dibujar la perfecta caricatura que estaban componiendo, y nos harían dudar sobre aquello tan manido de que, cualquier tiempo pasado, fue mejor.
 
Pasando de la broma, al que acabaría siendo el verdadero plato fuerte de la jornada, nos tocaría encarar el polémico teloneo de los míticos alemanes Accept. Los de Solingen, exhibirían desde los primeros compases, dos de los mejores puntales que han grabado desde que comenzase la era Tornillo. De esta manera, “Stampede” y “Stalingrad” servirían de presentación para la salva de Metal teutón que nos aguardaba. Llegaría enseguida el cabalgar de “Restless and Wild”, enlazada sin clemencia con el tema que mentaba a los encuerados chavales londinenses.
 
La sala explotaría en pedazos ante el saber hacer de Hoffman y Baltes, los dos capitanes indiscutibles, quienes flanqueaban una y otra vez a Tornillo, dotándole de parte del carisma que siempre ha echado en falta. Este sería el único hándicap que yo les vería a los creadores del “Russian Roulette”, la imposibilidad que siguen arrastrando, por mucho y muy bien que lo intente Tornillo, de reemplazar del todo al pequeño Udo Dirkschneider.
 
“Final Journey”, uno de los mejores temas de la última época, precedería con éxito la salva final que arrancaba con la princesa del amanecer, cogía vuelo con “Fast As A Shark” y reventaba la Santana, al son del mítico “Metalheart”. En medio de tanto himno de leyenda, “Teutonic Terror” sonaría a nuevo clásico merecido y dejaría el camino barrido para que “Balls To The Wall”, pusiese el listón hasta el mismo techo del recinto bilbaíno.
 
Tras un rato prudente para que los pipas preparasen el escenario de los jefes de filas, Sabaton saltarían sobre las tablas impulsados por la división fantasma, imbuidos por el espíritu mismo de los guerreros de “Sparta”, al tiempo que recordaban la sangre derramada sobre Bannockburn, entre saltos y sonrisas radiantes.
 
El clásico aire marcial, que siempre desprenden casi todos los temas de Sabaton, se apoderaría de la estancia, conquistando sin remisión a todos los asistentes de menos de treinta años y camelando gustosamente, a los que peinábamos canas. “Carolus Rex” y “Shiroyama” marcarían dos de los momentos álgidos de esta manera, presentando los últimos tiempos de la formación, sin que sus acérrimos dejasen de cantar cada estrofa que escupían los altavoces.
 
Llegaría tristemente, el parón inmisericorde que tenían los suecos adosado a mitad de actuación. El momento en el que iban a marcarse un vistoso acústico con “The Final Solution”, cortando el ritmo al que nos estaban llevando, y sirviéndoles para ponerse a hacer gracietas sobre quien iba a tocar el teclado.
 
A partir de ahí, la cosa volvería a remontar poco a poco, aunque no volvería a llegarse a la euforia de los primeros momentos, hasta que los bises vinieran a rematarnos. Especialmente vistoso quedaría el veloz “Lion From The North”, la épica de “Lost Battalion” y el recuerdo al arte de la guerra, que se marcarían con “Union (Slopes Of St. Benedict)”.
 
Lo mejor, como ya hemos apuntado, vendría con la traca final, inaugurada por el celebérrimo “Primo Victoria”, secundada por la tremenda “Winged Hussars” y culminada por la saltarina tonadilla de “To Hell and Back”, una manera clásica de finalizar los conciertos de Sabaton, que siempre consigue dejar un grato sabor entre los acérrimos.
 
Una vez finalizado el evento, tocaría comparar el trabajo de los dos conjuntos que unos y otros veían merecedores de la jefatura de filas, concluyendo tajantemente, que Sabaton, en un día normalito, siguen teniendo poco que hacer frente a himnos míticos como “Balls To The Wall” o “Fast As A Shark”. Demasiada historia y contundencia, como para que los emergentes suecos pudieran salir después de Accept victoriosos. Demasiado telonero, como para que la noche quedase compensada, terminaríamos decidiendo.